Manuel Marín, con algunas de sus últimas creaciones y su hijo de cinco meses, Dharma. / ALFREDO AGUILAR
Los tres observan con fascinación la mesa del taller, agazapados en la estantería. El capitán koala, el erizo travieso y el mono loco han visto cientos de veces el milagro, pero siempre les pilla por sorpresa. «¿Cómo lo hará?», parece que se preguntan. Las manos de Manuel se mueven rápido sobre el largo tablero, bailando del lápiz a las t
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